Piensa en el largo camino de regreso.
¿Tendríamos que habernos quedado
en casa pensando en este lugar?
¿Dónde estaríamos ahora?

Elizabeth Bishop

lunes, 3 de abril de 2017

Billy Collins en Lo malo de la poesía y otros poemas


Estatuas en el parque

Pensaba en ti hoy
cuando me paré delante de  una estatua ecuestre
en el centro de una plaza pública,

tú que me habías ilustrado
en el código de aquellas nobles poses.

Un caballo alzado de manos sobre los cuartos traseros,
me dijiste, significaba que el jinete había muerto en batalla.

Si sólo una pata estaba alzada,
el hombre había sucumbido a sus heridas en cualquier otro lugar;

y si las cuatro patas tocaban el suelo,
como sucedía en este caso—
cascos de bronce fijados en un pedestal  de piedra—
significaba que el hombre del caballo,

éste con la mirada fija
en el cine cerrado de enfrente,
había muerto por causa ajena a la guerra.

A la sombra de la estatua,
me preguntaba sobre los otros
que simplemente habían pasado por la vida
sin caballo, montadura, o espada—
gente de a pie que ya no podía
poner un pie, el otro, y andar.

Me imaginaba las estatuas de los que yacían
débiles en sus frías camas de piedra,
los suicidas tocando el borde de mármol con la punta de los pies,

estatuas de víctimas de accidentes que se tapan los ojos
los asesinados tapándose las heridas,
los ahogados pisando en silencio el aire.

Y ahí estaba yo,
subido en un bloque de granito de veta rosa y gris
cerca de un grupo de  árboles de sombra en el parque del barrio,
con mi nombre y las fechas grabados en una placa,

arrodillado, mirando hacia arriba,
rezando a las nubes que pasaban,
rogando eternamente por tan sólo un día más.


Statues in the park

I thought of you today
when I stopped before an equestrian statue
in the middle of a public square,

you who had once instructed me
in the code of these noble poses.

A horse rearing up with two legs raised,
you told me, meant the rider had died in battle.

If only one leg was lifted,
the man had elsewhere succumbed to his wounds;

and if four legs were touching the ground,
as they were in this case—
bronze hooves affixed to a stone base—
it meant that the man on the horse,

this one staring intently
over the closed movie theater across the street,
had died of a cause other than war.

In the shadow of the statue,
I wondered about the others
who had simply walked through life
without a horse, a saddle, or a sword—

pedestrians who could no longer
place one foot in front of the other.

I pictured statues of the sickly
recumbent on their cold stone bed,
the suicides toeing the marble edge,

statues of accident victims covering their eyes,
and murdered covering their wounds,
the drowned silently treading the air.

And there was I,
up on a rosy-gray block of granite
near a cluster of shade trees in the local park,
my name and dates pressed into a plaque,

down on my knees, eyes lifted,
praying to the passing clouds,
forever begging for just one more day.

***

Te pregunto

¿En qué otra escena preferiría estar atrapado
sino en ésta,
una noche normal en la mesa de la cocina,
tranquilo en una caja de papel pintado de flores,
armaritos blancos llenos de vasos,
el teléfono en silencio,
con un bolígrafo apoyado en la mano?

Me concede tiempo para pensar
en las hojas que se apilan en las esquinas,
el liquen que verdea las lejanas rocas grises
y el mundo en su navegar más allá de las dunas-
inmenso, trasatlántico, la historia borboteando a su paso.

Fuera de esta habitación
no hay nada que necesite,
ni un trabajo al que pudiera llegar remando,
ni un Aston Martín DB4 de color café
con asientos verdes de piel cuarteada.

No, se está bien aquí,
los limpios óvalos de un vaso de agua,
un pequeño cajón de naranjas, un libro sobre Stalin,
un extraño pez gruñón en un marco de la pared,
y estas tres velas,
cada una de diferente altura, cantando en perfecta armonía.

Por ello, perdóname
si bajo la cabeza y escucho
a la pequeña vela con voz de bajo cuando ejecuta un solo
mientras mi corazón
puntea bajo la camisa-
como rana en el borde de un estanque-
y mis pensamientos se alejan volando hacia una región
compuesta por un enorme cielo
y cerca de un millón de ramas vacías.


I ask you

What scene would I rather be enveloped in
than this one,
an ordinary night at the kitchen table,
at ease in a box of floral wallpaper,
white cabinets full of glass,
the telephone silent,
a pen tilted back in my hand?

It gives me time to think
about the leaves gathering in corners,
lichen greening the high gray rocks,
and the world sailing on beyond the dunes –
huge, oceangoing, history bubbling in its wake.

Outside of this room
there is nothing that I need,
not a job that would allow me to row to work,
or a coffee-colored Aston Martin DB4
with cracked green leather seats.

No, it is all right here,
the clear ovals of a glass of water,
a small crate of oranges, a book on Stalin,
an odd snarling fish in a frame on the wall,
and these three candles,
each a different height, singing in perfect harmony.

So forgive me
if I lower my head and listen
to the short bass candle as he takes a solo
while my heart
thrums under my shirt –
frog at the edge of a pond –
and my thoughts fly off to a province
composed of one enormous sky
and about a million empty branches.

***

Sin aliento

A unos les gusta la montaña, a otros les gusta la orilla del mar,
dice Jean-Paul Belmondo
a la cámara en la primera escena.

A unos les gusta dormir boca arriba,
a otros les gusta boca abajo,
estoy aquí en la cama pensando—

unos toman la forma del asesinado,
inmóviles boca arriba toda la noche,
otros flotan boca abajo en las oscuras aguas.

Después están los que como yo
prefieren dormir de costado,
rodillas agrupadas en el pecho,

cabeza descansando en un brazo doblado
y una suave puño que roza la barbilla,
que es como me gustaría que me enterrasen,

encogido en un ataúd
con un pijama limpio de algodón,
una almohada de pulmón bajo mi pesada cabeza.

Tras una vida de ánimo vigilante
y de inquieta vigilia,
estaré más que listo para dormir,

así que no os fijéis en el traje negro,
la corbata ridícula
ni es mis mustias manos pálidas cruzadas sobre el pecho.

Bajadme a mi sueño profundo,
encogido en mí mismo
como el feto más anciano de la tierra,

y mientras las vacas miran por encima del muro
del cementerio, dejadme descansar aquí
en mi pequeña habitación de tierra,

las pestañas glaseadas con hielo,
las raíces de los árboles aproximándose,
y con sueños que ya no me asusten.


Breathless

Some like the mountains, some like the seashore,
Jean-Paul Belmondo says
to the camera in the opening scene.

Some like to sleep face up,
some like to sleep on their stomachs,
I am thinking here in bed–

some take the shape of murder victims
flat on their backs all night,
others float face down on the dark waters.

Then there are those like me
who prefer to sleep on their sides,
knees brought up to the chest,

head resting on a crooked arm
and a soft fist touching the chin,
which is the way I would like to be buried,

curled up in a coffin
in a fresh pair of cotton pajamas,
a down pillow under my weighty head.

After a lifetime of watchfulness
and nervous vigilance,
I will be more than ready for sleep,

so never mind the dark suit,
the ridiculous tie
and the pale limp hands crossed on the chest.

Lower me down in my slumber,
tucked into myself
like the oldest fetus on earth,

and while the cows look over the stone wall
of the cemetery, let me rest here
in my earthy little bedroom,

my lashes glazed with ice,
the roots of trees inching nearer,
and no dreams to frighten me anymore.
Billy Collins. Lo malo de la poesía y otros poemas. Traducción de Juan José Almagro Iglesias. Bartleby Editores.

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