Hace unos días llegaron a la cartería unas postales enviadas desde diferentes ciudades a un mismo destinatario. La viajera, en cada una de ellas, describía en pocas palabras aromas, paseos, mercados y voces. También palabras de extrañeza, de echar de menos, de suerte por encontrarse. En una de esas postales dejó una frase definitiva. Hablaba de cómo una ciudad tenía algo más difícil de nombrar: “la sensación de estar vivo en el momento exacto”.
Los lunes de Anay. Versátiles
"Nadie entiende mis ironías porque no lo son"
PABLO MIRAVET
EL JOVEN DE LA CAJA
El joven de la caja no importa.
Pasa sin rostro junto a nosotros.
Se vuelve invisible.
Adentro de la caja está su rostro
perfectamente doblado como una camisa,
perfectamente horneado como un pan,
perfectamente armado como una bomba.
No recordamos a alguien,
no recordamos el nombre de alguien
que lleve una caja.
¿Cómo puede tener importancia
alguien que carga una caja?
¿Cómo puede alguien al cargar una caja
dejar de importar?
El joven de la caja es un nadie
aunque lleve la ceniza de tus padres
o la ceniza de tus hijos.
Prueben a vestir al joven con diamantes.
Prueben a cubrir la caja con diamantes.
Y el joven de la caja seguirá sin importar.
Dirán:
Debe ser importante
alguien que tiene por mensajero
a un joven vestido de diamantes.
Debe ser importante
alguien que recibe por entrega
una caja cubierta de diamantes.
Eso dirán, eso diremos.
El joven de la caja, el gran nadie que nunca importa.
Adentro de la caja está su rostro
perfectamente idéntico al rostro de todos.
SERGIO GARCÍA ZAMORA
Feliz lunes.
Un beso,
Anay