Piensa en el largo camino de regreso.
¿Tendríamos que habernos quedado
en casa pensando en este lugar?
¿Dónde estaríamos ahora?

Elizabeth Bishop

miércoles, 22 de abril de 2026

noventa

Quería reencontrarme con mis padres a través de un libro, empezar el año con el mundo que habitaron y que desapareció con ellos, un mundo que apenas percibí en mi infancia y que en estos últimos años revivieron en sus conversaciones, como si quisieran aprehender, mis padres, sus recuerdos primeros a nuestro presente. Sabía que esa lectura debía tener un pueblo, sonidos de campanas, casas vacías y viejos de memoria telúrica, un idioma y gestos privados, debía ser pausada, sin una línea argumental tajante, una sucesión de presencias e imágenes que mezclasen la vida pasada con el abandono último. Era mi manera de fijar una lectura tras la muerte de mi madre y avistar, una vez más, aquel mundo suyo que hoy ya no existe. Había un libro así en mi estantería. Los tres poemarios que forman El árbol de agua, de Tonino Guerra y que hablan de volver al pueblo en la vejez y encontrarse un mundo en extinción, de una pareja octogenaria en busca de la primera la mirada al mar, de iglesias derrumbadas, como la vida a través del tiempo. Esa primera lectura del año fue un intento de caricia y una forma de reunir ausencias y recuerdos. 

La mariposa

Contento, lo que se dice contento,
he estado muchas veces en la vida 
pero más que ninguna cuando 
me liberaron en Alemania 
que me quedé mirando una mariposa 
sin ganas de comérmela.
(trad. Juan Vicente Piqueras)

*

Leo en el metro y tren, camino del trabajo, antes del amanecer si es invierno y con la primera luz en verano. Apenas somos media docena de pasajeros, cada uno de nosotros en el mismo lugar un día tras otro, en un silencio lento. Esos cincuenta minutos de lectura me templan. Hay días que desearía alargar el viaje para seguir dentro de los laberintos de Faverón, no abandonar una partida de billar del gordo de Minnesota, apreciar la escritura precisa y asombrada de Elena Garro. 
Mi primer gesto, en el trabajo es dejar el libro en mi mesa, no guardarlo en mi mochila, y así recordar que, pase lo que pase durante la mañana, la tarde será para ese libro. A veces me preguntan por mis lecturas, y una vez un compañero fotografió la portada de La leyenda de los ciclistas para no olvidar título ni autor tras hablarle del frenesí, surrealismo y caos de los libros de Basara. 
Hace poco me preguntaron cómo llegaba a los libros, de dónde sacaba la información, cómo conocía a esos autores que aparecían en mi mesa cada semana. Respondí que pasaba mucho tiempo en librerías, sin prisa, con la idea no de buscar sino de dejarme sorprender y que hablaba con los libreros para dejarme guiar —el libro m. idolatra la literatura argentina. Hablamos de Fogwill, Saer, Diego Angelino, Sara Gallardo. A veces busca entre las estanterías y me pone libros en las manos, como la última vez, que los elegidos fueron Muzzio y Uhart—.  También, que leo páginas de otros lectores —devaneos, deborahlibros, desde la ciudad sin cines— y que muchos libros me encaminan a otros. Y que, como me dijo ýb hace más de quince años, creo en la propiedad transitiva, si a está relacionado con b y b con c, entonces a y c también lo están (ella usó Bono, Vonnegut, Yates como ejemplo).

*



En esa foto aparecen las noventa lecturas del pasado año. Salvo una. Mi hermana pequeña me pidió un par de libros para sus sesiones de quimioterapia. Algo sencillo y sin dolor, me dijo. Hacía poco había terminado Una temporada para silbar, de Ivan Doig, una historia amable que me recordó algunas de las comedias de Capra y donde estaban la vida rural del oeste americano, la mirada indagadora de la infancia al mundo adulto, los personajes afables y francos, una escritura que fluye como una vieja melodía. No había dolor, o al menos no un dolor lacerante —para equilibrar tanta amabilidad elegí El cadillac de Big Bopper, una historia anfetamínica y delirante de Jim Dodge—. Hay libros, y no tienen por qué ser los mejores y más certeros, que acompañan y mecen en el momento oportuno.  
Aún no tienen un lugar en mi nueva biblioteca esos noventa libros. Están apilados en columnas, sin orden, a la espera de que escriba algo sobre ellos.  Pero ya no escribo más que alguna nota rápida en un cuaderno y las cartas a ýb. Entonces, la idea es hablar un poco sobre algunos libros y, luego, dedicar días a encontrarles un espacio mientras vuelvo a ellos una vez más. 
Me gustaría escribir sobre Maud Martha, una lectura que describí como de una delicadeza abrumadora en una de las cartas a ýb; y sobre los criminales, vagos, putas y locos que Juanma Agulles recoge en Vagabundias; y también sobre La medida de nuestros días, de Delbo que, como dije en otro lugar de este blog: « Es una lectura bella y dura, porque la escritura de Delbo es así aún escribiendo sobre la imposibilidad del regreso (volver no significa regresar), sobre la no existencia y ausencia de palabras y la negación del llanto, sobre retomar la vida de a poco, y preguntarse, al ver un rostro, si les hubiera ayudado a caminar.». O sobre Judith Hearne, personaje de la novela de Brian Moore, una mujer solitaria cuya vida fue una espera y un vacío. 
Me gustaría escribir sobre La niña a la que le gustaban demasiado las cerillas. El narrador, aislado con su padre y hermano en un antiguo caserón, distanciados del mundo exterior por un bosque y montes, escribe con un lenguaje nuevo, una recreación de antiguas novelas de caballería y su percepción del mundo circundante. Hay cambios de tiempo y palabras cuyo significado está alterado. El narrador desenreda la historia de la muerte de su padre y cómo su hermano y él tuvieron que hacerse cargo del universo. Y en ese desenredar, en ese tirar del hilo donde imágenes de caballeros y princesas y nuevas palabras, lo cruel de un amor y una soledad cercanos al delirio (y la pregunta, a medida que avanzaba en su lectura, de cómo sería vivir en un universo demente). O, cómo saber amar si tu vida ha sido en aislamiento. El narrador, entre párrafos inconexos, suelta alguna frase hipnótica: “El cuerpo es una sima, todo es noche oscura por dentro.” 
Me gustaría escribir sobre el primer encuentro con los libros de Faverón Patriau y Hermann Ungar, o los laberintos y la crueldad y la escritura excesiva; o el reencuentro con Offut, Philip Roth, Zweig y Gómez Arcos, una escritura conocida y amiga; o ese ensayo de Pankaj Mihra, El mundo después de Gaza, que es un golpe certero a este mundo de convicciones en el que vivimos. O sobre Operación Masacre, de Walsh, tensa, inabarcable, sabia. O sobre las mujeres que habitan Las soldadesas, obligadas a prostituirse para el ejército invasor. O cómo, en apenas un centenar de páginas, Circe Maia, con las voces narradoras de una madre y su hija pequeña, muestra el dolor de las dictaduras. O esos relatos sobre el paso a la vida adulta de La promoción del 49, de Carpenter, que parecen anecdóticos pero calan de a poco. 
Me gustaría, en fin, escribir, sobre Elena Garro y Cristina Rivera Garza, sus libros que hablan de violencia contra las mujeres, de amor y memoria y olvido, la escritura precisa e inteligente de Garza y la exuberante y poética de Garro. Y sobre El jardinero y la muerte donde, Gospodínov habla de la muerte de su padre de una manera “trascendental y liviana”, como dice en algún párrafo. Empieza de manera hermosa: “Mi padre era jardinero. Ahora esa jardín”. Es un libro sencillo, sin aquellos refugios temporales, “impermanencias” o tratados sobre moscas de sus novelas. La muerte del padre a mitad del libro. Hasta llegar a ella, sus últimos días, los cuidados de Gospodínov, el vernos ante la muerte de un ser amado. Luego, la muerte y los rituales. Y de ahí hasta el final, la memoria para espantar la sensación de orfandad, la búsqueda de objetos y recuerdos, cualquier palabra o imagen que nos devuelvan, por un instante, su presencia real.
Me gustaría escribir. Pero ya no sé.

*

2025 en lecturas

1. El árbol de agua - Tonino Guerra. Trad. Juan Vicente Piqueras. Pepitas de calabaza 
2. Centauros del desierto - Alan Le May. Trad. Marta Lila Murillo. Valdemar 
3. Los que no perdonan - Alan Le May. Trad. Marta Lila Murillo. Valdemar 
4. Diario a los setenta - May Sarton. Trad. Blanca Gago. Gallo Nero 
5. Maria Zef - Paola Drigo. Trad. Paula Caballero Sánchez y Carmen Torres García. Periférica 
6. ¡Así de grande! - Edna Ferber. Trad. Íñigo Jáuregui. Nørdica 
7. Los recuerdos del porvenir - Elena Garro. Alfaguara 
8. Goodbye, Columbus - Philip Roth. Trad. Ramón Buenaventura. Debolsillo.
9. Blanco - Han Kang. Trad. Sunme Yoon. :Rata_ editorial 
10. Génie la loca - Inès Cagnati. Trad. Vanesa García Cazorla. Errata naturae 
11. Ciudad de cadáveres - Yoko Ota. Trad. Kuniko Ikeda y Marta  Añorbe Mateo. Satori 
12. Un brazo muerto del río - Mikołaj Grynberg. Trad. Maila Lema. Acantilado 
13. Las soldadesas - Ugo Pirro. Trad. Gerardo Matallana Medina. Altamarea 
14. El fin de un mundo - Carmelo Romero Salvador. Los aciertos & Pepitas de calabaza
15. Vagabundias (criminales, vagos, putas y locos) - Juanma Agulles. Pepitas de calabaza 
16. El perro del sur - Charles Portis. Trad. Javier Lucini. Dirty Works 
17. Momentos estelares de la humanidad - Stefan Zweig. Trad. Berta Vias Mahou. Acantilado 
18. Vivir con nuestros muertos - Delphine Horvilleur. Trad. Regina López Muñoz. Libros del Asteroide 
19. La niña a la que le gustaban demasiado las cerillas - Gaétan Soucy. Trad. María Teresa Gallego Urrutia. Contraseña editorial 
20. Mariposa Blanca - Walter Mosley. Trad. Susana Lijtmaer. Anagrama 
21. Adiós, hasta mañana - William Maxwell. Trad. Gabriela Bustelo. Libros del Asteroide 
22. Gilgi, una de nosotras - Irmgard Keun. Trad. Carles Andreu. Minúscula 
23. Vivir abajo - Gustavo Faverón Patriau. Candaya 
24. Daniel Stein, intérprete - Liudmila Ulítskaia. Trad. Marta Rebón. Alba
25. El vendedor ambulante - Christian Bobin. Trad. Alicia Martínez. Ediciones El Gallo de Oro
26. Minimosca - Gustavo Faverón Patriau. Candaya 
27. La leyenda de los ciclistas - Svetislav Basara. Trad. Juan Cristóbal Díaz. Automática editorial
28. El jardinero y la muerte - Gueorgui Gospodínov. Trad. María Vútova. Impedimenta
29. Ceremonia - Leslie Marmon Silko. Trad. Noelia González Barrancos. Capitán Swing 
30. Mi casa está donde estoy yo - Igiaba Scego. Trad. Blanca Gago. Nørdica 
31. Maud Martha - Gwendolyn Brooks. Trad. Regina López Muñoz. Los aciertos & Pepitas 
32. La gran vida - Christian Bobin. Trad. Jesús Montiel. Ediciones El Gallo de Oro 
33. Abril quebrado - Ismaíl Kadaré. Trad. Ramón Sánchez Lizarralde. Alianza editorial 
34. La medida de nuestros días - Charlotte Delbo. Trad. Palmira Freixas. Libros del Asteroide
35. Ferdy el fatalista - Fernando Luis Chivite. Papeles mínimos 
36. Narrativa completa - Hermann Ungar. Trad. Ana María de la Fuente, Ana María de la Torre, Isabel García Adánez. Siruela 
37. El buscavidas - Walter Tevis. Trad. Juan Trejo. Impedimenta 
38. Vida de este chico - Tobias Wolff. Trad. Maribel de Juan. Alfaguara 
39. Vieja escuela - Tobias Wolff. Trad. Mariano Antolín Rato. Alfaguara 
40. Prohibido morir aquí - Elizabeth Taylor. Trad. Ernesto Montequin. Libros del Asteroide 
41. Despejado - Carys Davies. Trad. Gabriel Insausti. Libros del Asteroide 
42. No hay bestia tan feroz - Edward Bunker. Trad. Laura Sales Gutiérrez. Sajalín 
43. Los mártires de Pyongyang- Richard E. Kim. Trad. Damià Alou. Sajalín 
44. Los seres indefensos - Fernando Luis Chivite. Amarillo editora 
45. Nacido el 4 de julio - Ron Kovic. Trad. Ernesto C. Gardiner. Altamarea 
46. Flores de verano. Los días de Hiroshima - Tamiki Hara. Trad. Fernando Cordobés y Yoko Ogihara. Impedimenta 
47. El mundo después de Gaza. Una breve historia - Pankaj Mishra. Trad. Amelia Pérez de Villar Herranz. Galaxia Gutenberg 
48. El anticuario - Gustavo Faverón Patriau. Candaya 
49. Ciudad abierta - Teju Cole. Trad. Marcelo Cohen. Acantilado 
50. La muerte y el meteoro - Joca Reiners Terron. Trad. Antonio Jiménez Morato. Las afueras 
51. El diablo a todas horas - Donald Ray Pollock. Trad. Javier Calvo. Random House 
52. El pan a secas - Mohamed Chukri. Trad. Rajae Bomediane El Metni. Cabaret Voltaire 
53. Hijo de Jesús - Dennis Johnson. Trad. Rodrigo Fresán. Random House 
54. Piedra, papel, tijera - Maxim Ósipov. Trad. Ricardo San Vicente. Libros del Asteroide 
55. Música de un pozo azul - Torborg Nedreaas. Trad. Mariano González Campo. Errata Naturae 
56. La península de las veinticuatro estaciones - Inaba Mayumi. Trad. Rumi Tani Moratalla. Errata Naturae 
57. Operación Masacre - Rodolfo Walsh. Libros del Asteroide 
58. Teoría de la gravedad - Leila Guerriero. Libros del Asteroide 
59. La señal y otros relatos - Vsévolod Garshin. Trad. Sara Gutiérrez. Contraseña editorial 
60. Apuntes del subsuelo - Fiódor M. Dostoyevski. Trad. Juan López-Morillas. Alianza editorial 
61. La playa - Cesare Pavese. Melina Márquez. Altamarea 
62. El invencible verano de Liliana - Cristina Rivera Garza. Random House Mondadori 
63. Un viaje a Salto - Circe Maia. Las afueras 
64. Caminos nocturnos - Gaito Gazdánov. trad. James y Marian Womack. Sajalín
65. Llaves para una revolución - Begoña Abad. Pregunta ediciones
66. El papel pintado amarillo - Charlotte Perkins Gilman. Trad. Montse Meneses Vilar. Alpha Decay 
67. Volver a casa - Chris Offutt. Trad. Javier Lucini. Sajalín
68. Vida mía. Memorias de una niña en un campo de concentración japonés - Dacia Maraini. Trad. Raquel Olcoz. Altamarea 
69. La solitaria pasión de Judith Hearne - Brian Moore. Trad. Amelia Pérez de Villar. Impedimenta
70. Una temporada para silbar - Ivan Doig. Trad. Juan Tafur. Libros del Asteroide 
71. La pregunta 7 - Richard Flanagan. Trad. Catalina Martínez Muñoz. Libros del Asteroide 
72. Piezas en fuga - Anne Michaels. Trad. Eva Cruz García. Alfaguara 
73. Axiomático - Maria Tumarkin. Trad. Maia Figueroa Evans. Editorial Minúscula 
74. El mar vivo de los sueños despiertos - Richard Flanagan. Trad. Alberto Moyano. Piel de Zapa 
75. El regreso del soldado - Rebecca West. Trad. Andrés Barba. Seix Barral 
76. La promoción del 49 - Don Carpenter. Trad. Regina López Muñoz. Gallo Nero 
77. La isla - Mesa Selimovic. Trad. Miguel Roan. Automática editorial 
78. El tren cero - Yuri Buida. Trad. Yulia Dobrovolskaya y José María Muñoz Rovira. Automática editorial 
79. Aberración estelar - Gilbert Sorrentino. Trad. Ce Santiago. Underwood 
80. Libre. El desafío de crecer en el fin de la historia - Lea Ypi. Trad. Cecilia Ceriani. Anagrama 
81. Pájaro en el alambra - Dario Džamonja. Trad. Marc Casals. Sajalín
82. Desde hace dos mil años / Cómo me convertí en húligan - Mihail Sebastian. Trad. Marian Ochoa de Eribe. Impedimenta 
83. De La Patagonia a México - Hebe Uhart. Adriana Hidalgo editora 
84. El patio maldito - Ivo Andrić. Trad. Marc Casals. Xordica
85. Los infortunios de Svoboda - János Székely. Trad. Magdalena Palmer. Impedimenta
86. Un pájaro quemado vivo - Agustín Gómez Arcos. Trad. Adoración Elvira Rodríguez. Cabaret Voltaire
87. Camino de sirga - Jesús Moncada. Trad. Joaquín Jordá. Anagrama 
88. Las esferas - Diego Muzzio. Las afueras 
89. Vinieron como golondrinas - William Maxwell. Trad. Edmundo Paz Soldán. Libros del Asteroide
90. Mujeres en la noche - Maja Haderlap. Trad. José Aníbal Campos. Periférica

lunes, 20 de abril de 2026

Los lunes de Anay. Algoritmos...


A veces compro libros que he olvidado que tengo en mi biblioteca. Como Once tipos de soledad, una novela descatalogada durante años y que encontré hace poco en una de mis librerías favoritas —la librera me animó a llevarme el otro libro de relatos de Yates editado por fiordo porque, dijo, sus cuentos son asombrosos por lo certero y por la epopeya de las vidas ordinarias—. Cada día elijo un libro de mi vieja biblioteca en casa de mis padres que traer a esta nueva biblioteca hecha a medida que ocupa la habitación de al lado. Y días después de hacerme con ese libro de Yates descubro que tengo una edición anterior que tradujeron como Once maneras de sentirse solo, y que leí en dos mil diez. En un cuaderno de lectura escribí: “(…) Yates retrata esos años posteriores a la segunda guerra mundial donde la vida se reanudaba y los sueños se resquebrajaban de forma imperceptible”. 
Esta mañana empecé a leer esta nueva traducción de la editorial fiordo, en el tren de cercanías, camino del trabajo. Por un instante pensé en esos dieciséis años entre una y otra lectura, entre una y otra vida, y me asombró cuánto ha cambiado. Siempre hay quien pregunta cómo nos vemos dentro de cinco años, pero pocos se atreven a preguntar cómo nos veíamos tiempo atrás. En estos años he encontrado un amor a corriente y he descubierto que andar durante kilómetros por caminos solitarios me aquieta; tengo un pequeño terreno donde salir a leer y ver el cambio de luz; un trabajo que sé está por desaparecer, como las cartas. La muerte de mis padres y el cáncer de mi hermana pequeña han traído, además del luto y la preocupación constante, cierto temple y sosiego y la idea de dejar que las cosas se posen. En la primera lectura de Yates, estaba por encontrarme por última vez con la argentina que amé cuando agosto era invierno, tuve un par de relaciones fallidas y miedosas, y creía que me estaba convirtiendo en una de esos personajes solitarios de Yates. También, estábamos por cruzarnos tú y yo, ýb, a la que aún escribo cartas en este tiempo donde he dejado de escribir por completo. Una lista poco detallada de los dieciséis años entre dos lecturas de un libro que no es aquél que fui. 


Los lunes de Anay. Algoritmos…

"hacen un ruido enorme, un ruido
infernal, pero nadie se percata"

                                           PATRIZIA CAVALLI


LAS FRESAS EN MAYO

Siempre le pedía fresas a mi madre
y mi madre me gritaba
las fresas en mayo
las fresas
en mayo.

Y cuando mayo
yo era un bosque de fresas
y en las piernas fresas
y en las muñecas
y en el puente de la risa.

Pero desde que la ingeniería genética
ha demostrado
que las fresas antiguas se equivocaban,
las tengo de enero a diciembre,
el lunes y el martes,
el miércoles
y el remiércoles
y también el treinta y siete
de abril.

Y ahora todo es
un cansancio de fresas
y un tres por dos
y un bah
y un dejadme en paz.

                                        BATANIA



Feliz lunes.

Un beso,

Anay

lunes, 13 de abril de 2026

Los lunes de Anay. Pericia...













"Perder el norte, es a veces, ganar todos los demás puntos cardinales"

                                                                  EMILIO CALVO DE MORA


EL HOMBRE ARAÑA

De todo laberinto que no sea Atacama o el Sahara
se sale por arriba. Obvio. Pero ese arriba, esa salida
no es ningún dios celestial ni cosa que se parezca.
De todo laberinto se sale por arriba con sigilo,
con la motricidad fina de un robo con escalamiento,
con destreza, con cuidado, como quien hace el amor
con alguien que hace el amor por primera vez,
Se sale con ventosas en las manos y en los pies
o con un traje ceñido de ninja protegido por la noche
que lo ama que es una con él. Y con una adiestrada
elongación de años:
                             esa es la única manera.

                                                                GERMÁN CARRASCO




Feliz lunes.

Un beso,

Anay

lunes, 23 de marzo de 2026

Los lunes de Anay. Versátiles...

Hace unos días llegaron a la cartería unas postales enviadas desde diferentes ciudades a un mismo destinatario. La viajera, en cada una de ellas, describía en pocas palabras aromas, paseos, mercados y voces. También palabras de extrañeza, de echar de menos, de suerte por encontrarse. En una de esas postales dejó una frase definitiva. Hablaba de cómo una ciudad tenía algo más difícil de nombrar: “la sensación de estar vivo en el momento exacto”.













Los lunes de Anay. Versátiles

"Nadie entiende mis ironías porque no lo son"

                                                                   PABLO MIRAVET


EL JOVEN DE LA CAJA

El joven de la caja no importa.
Pasa sin rostro junto a nosotros.
Se vuelve invisible.
Adentro de la caja está su rostro
perfectamente doblado como una camisa,
perfectamente horneado como un pan,
perfectamente armado como una bomba.
No recordamos a alguien,
no recordamos el nombre de alguien
que lleve una caja.
¿Cómo puede tener importancia
alguien que carga una caja?
¿Cómo puede alguien al cargar una caja
dejar de importar?

El joven de la caja es un nadie
aunque lleve la ceniza de tus padres
o la ceniza de tus hijos.
Prueben a vestir al joven con diamantes.
Prueben a cubrir la caja con diamantes.
Y el joven de la caja seguirá sin importar.

Dirán:

Debe ser importante

alguien que tiene por mensajero
a un joven vestido de diamantes.

Debe ser importante

alguien que recibe por entrega
una caja cubierta de diamantes.
Eso dirán, eso diremos.

El joven de la caja, el gran nadie que nunca importa.
Adentro de la caja está su rostro
perfectamente idéntico al rostro de todos.

                                                                SERGIO GARCÍA ZAMORA



Feliz lunes.

Un beso,

Anay

lunes, 16 de marzo de 2026

Los lunes de Anay. Room escape...

"No todo ha de saberse"

                                      RUBÉN GARCÍA CEBOLLERO


BERKSHIRE

Debo volver a casa, ya es muy tarde,
pero dices "espera quiero verte
las rodillas con esas medias negras".
Te muestro las rodillas. Me despido
por enésima vez. No quiero irme
ni tú tampoco quieres que me marche.
Me has enseñado fotos divertidas,
los países más raros en el atlas,
tu ajedrez, tus estampas de la Virgen,
tus lápices y alguno de tus versos.
Me has hablado de todo lo que odias
y de unas pocas cosas que te gustan.
Los dos por un momento hemos pensado
que estaban agotados los recursos,
pero mis piernas son definitivas,
y te hacen maquinar en un instante
una historia de amor nocturna y loca.

                                                        AMALIA BAUTISTA





Feliz lunes.

Un beso,

Anay

lunes, 9 de marzo de 2026

Los lunes de Anay. Tarareos...

"para que no canten ellos,
los funestos, los dueños del silencio"

                                                      ALEJANDRA PIZARNIK

STELLA MARIS

Guía, estrella del mar y de la Gracia,
al puerto de tu amor la triste nave
desnortada de nuestro orgullo y ponla
lejos del remolino de las leyes.

                                              JULIO MARTÍNEZ MESANZA




Feliz lunes.

Un beso,

Anay

lunes, 23 de febrero de 2026

Los lunes de Anay. Mona Lisa...

Tengo unos quinientos libros en casa de mis padres, la mayoría lecturas de hace veinte y treinta años. Ahora con una biblioteca nueva por llenar, los traigo poco a poco —hay semanas que uno cada día, una forma zen de tomarme el tiempo y la espera. Otras, como esta semana que empieza hoy, serán bolsas de papel con cinco o seis libros dentro—. Entre los libros traídos hay uno donde guardo un recuerdo ajeno. Entre las páginas de Fahrenheit 451 guardo el recordatorio de los votos de mi madre, tomados un catorce de febrero de 1964, hace sesenta y dos años, en una de las vidas de mi madre cuyo eco aún perdura. Ella fue la hermana M.L.F. del Corazón de Jesús. Es sobrio el recordatorio. Los versos en latín “Juxta crucem tecum stare” del himno Stabat Mater sobre un cirio encendido, una rosa con espinas encima de una biblia roja, un rosario en las aspas de una cruz. El recordatorio lo guardaba uno de sus hermanos en la cartera. Estaba orgulloso de una hermana monja, me decía su hija mayor. 
Recuerdo una foto de mi madre vestida con el hábito de monja, una foto que no encuentro entre los cajones y álbumes. De negro y blanco, estaba sentada en el banco de una ermita junto a otras hermanas. Fue mi hermana mayor quien me enseñó la foto de niño, quería mostrarme a una madre desconocida.
Mi madre apenas habló de aquella época salvo al final de sus días —como mi padre recordaba una juventud y una madures sin temblores en los últimos días de agosto, antes de morir—. Sabemos que mis padres fueron novios de jóvenes y que ambos marcharon a Madrid, mi madre a servir en casa de unos parientes, mi padre a la mili —no paraba de mirar al cielo, asombrada por las alturas de los edificios, decía mi madre con un tono de niña al recordar su primer día en la ciudad—. Luego, el convento donde permaneció hasta que supo que aquella no era una vida que seguir. Y llamó por teléfono a mi padre; en aquella época ya vivía en la zona minera donde nacimos mis hermanas y yo. 
Tal vez elegí Fahrenheit 451 para guardar el recordatorio de mi madre por esos hombres-libro que atesoran las palabras de Platón, Thoreau, Darwin, Buda o los evangelistas en una época oscura donde los libros se queman. 


Los lunes de Anay. Mona Lisa…

"No rechaces los sueños por ser sueños.
 Todos los sueños pueden
 ser realidad, si el sueño no se acaba"

                                                        PEDRO SALINAS


LA SONRISA

                                                     A Katherine Whitmore

Leo las cartas de amor
del gran poeta...Y su respuesta,
en la fotografía.

Tu mirada perdida,
la sonrisa
por el tiempo sabiamente aquilatada.

                                                       ANAY SALA







Feliz lunes.

Un beso,

Anay