martes, 12 de abril de 2016

hacia el fin del mundo III

Había un pueblo de piedra.
Nos sentamos junto al río
y refrescamos nuestros pies cansados
entre las arañas de agua.

Llevábamos veinte kilómetros de camino.

Y aún quedaban otros diez.

Nos desviamos del camino
y dejamos pasar el tiempo.

Al otro lado del puente nos esperaba
un final
y nuestros cuerpos desnudos en una litera.

Pero, por una pequeña eternidad,
nos desviamos de las señales
y convertimos el tiempo
en
piedra.

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