Piensa en el largo camino de regreso.
¿Tendríamos que habernos quedado
en casa pensando en este lugar?
¿Dónde estaríamos ahora?

Elizabeth Bishop

lunes, 20 de mayo de 2024

Los lunes de Anay. Narrativas...

Cae una lluvia firme y rápida, ahora. Abro la ventana para leer con su reverbero como compañía en esta tarde ensimismada. Es uno de mis tótems, la lluvia, como la primera luz de la mañana, los jirones de niebla sobre los montes o el polvo de un camino blanco. De niño, como todos los niños, saltaba sobre los charcos y daba patadas al agua, la lluvia hacia arriba y entre mis piernas, ajeno a las súplicas de mi madre. Hoy son los fugaces círculos de las gotas sobre la acera, rompiendo el reflejo del cielo y la ciudad sobre los charcos, quienes captan mi atención. Esta lluvia y el lento apenumbrarse de la tarde en las hojas de un libro.
*
Mis padres querían que bajase a la calle, creían que era un niño tranquilo y solitario, siempre delante de la televisión, armando rompecabezas y torres en el suelo o anotando en un cuaderno pautado hileras de números por la asombro de su dibujo sobre la hoja. Mi padre me invitaba a ir con él a su taller de carpintero, cosa que raras veces sucedía, mi madre me decía que saliese al barrio en una época donde éramos docenas de niños divididos por edades y habilidades. Los pequeños, como mis hermanas y yo, jugábamos a la comba, la rayuela o pintábamos con tiza un circuito quebrado para jugar a las chapas y ser Lejarreta, Alberto Fernández, Hinoult. Los mayores, que ocupaban el aparcamiento entre los edificios de ladrillo rojo y armaban partidos de béisbol que ojeábamos sin comprender, se cronometraban en carreras alrededor de uno de esos edificios que siguen siendo de ladrillos rojos —pero de un rojo deslucido, hoy— o lanzaban piedras hacia las huertas y las lejanas vías del tren en un concurso de fuerza y distancia. Eran hermosos, aquellos chicos y chicas en el inicio de su madurez, sus cuerpos ágiles y ligeros y fuertes, su confianza y energía impetuosas, el futuro delante de ellos, inmaculado y completo. Cuando veo a un par de ellos, hoy, es como la gota de lluvia que quiebra el reflejo en un charco —el resto orillaron las drogas, los accidentes de tráfico, las pérdidas. Son felices (o buscan una parcela de esa felicidad prometida) o se han acostumbrado a una rutina calmante—
*
Es una semana de encuentros repentinos, como la lluvia a lo largo de los días. V. lleva un caracol en el dedo índice. Lo ha encontrado en la acera, dice, y busca un jardín con hierba donde dejarlo. Se siente tonta, dice. Yo tuve un caracol durante cuatro años, le digo. Apareció en unas hojas de espinacas, apenas más grande que mi uña del dedo meñique. Lo llamé Sísifo, y sonríe. Hace poco descubrí que escribía poemas que editaron en una asociación cultural del pueblo, junto a otras vecinas de mi sección (Uno de ellos, titulado Lavadero, dice: Pozo poco profundo / donde se lava la ropa / y las miserias de uno. / Rodillas que se doblegan / como castigo / y manos endurecidas / de frotar en el frío.) . V. es una mujer de voz y gestos tranquilos, cuida de los gatos callejeros y en nuestras conversaciones fugaces en el umbral de su puerta me pregunta por el frío de la mañana y se lamenta de estado del mundo. En sus poemas habla del miedo, de seguir soñando a pesar de todo, del abandono. Como c., otra poeta aficionada de mi sección, acumula palabras e imágenes. El relato de su mundo. 
*
Se elevan nubes de vaho de la hierba y recorren las aceras tras la lluvia. Parecen pequeñas tormentas de arena o remolinos de aire, antes de desvanecerse. 

18.05.24 


Los lunes de Anay. Narrativas…

"Ese saldrá ganando."  
                                     PAUL CELAN


PARÁBOLA DE LA BESTIA

El gato ronda por la cocina
con un pájaro muerto,
su nueva posesión. 

Alguien debería hablarle
de ética al gato mientras este
husmea el lacio pajarillo:

en esta casa
no ejercemos
la voluntad de este modo.

Cuéntale eso al animal,
con sus dientes ya
clavados en la carne de otro animal. 
                                                              
                                                              LOUISE GLÜCK 
                                                                 (versión de Andrés Catalán)




Feliz lunes.

Un beso,

Anay

lunes, 13 de mayo de 2024

Los lunes de Anay. Rachas...

"Ahora sólo tienes una vida"

                                         ESPERANZA ORTEGA


HOY PUEDO ESTAR CONTIGO...

Hoy puedo estar contigo. He deseado
para ti todo el bien y me acompaña
la bondad del amor. A ti te debo
gozar en soledad la compañía
más difícil del hombre, la que tiene
consigo mismo. No me causa miedo
reconocerme, ni busco a nadie, no.
Le has dado a mi semblante sin saberlo
una luz interior que me hace fuerte,
para vencer mayores soledades.

                                                MANUEL ALTOLAGUIRRE





Feliz lunes.

Un beso,

Anay

lunes, 6 de mayo de 2024

Los lunes de Anay. Sostenuto...

"Se te ve, calor, se te ve.
 Se te ve lo rojo, el salto,
 la contorsión, el ay ay."

                                      PEDRO SALINAS


NO LLAMES A LA PUERTA

No llames a la puerta, amor,
no abras la caja
no levantes el lienzo,
no preguntes.
Podrían las paredes derrumbarse
cegarse las ventanas
y antiguas mariposas
se desharán en polvo.
No me busques los ojos,
no me beses.
Soy una zarza ardiendo.

                                       PILAR ROMERO BURGOS



Feliz lunes.

Un beso,

Anay

lunes, 29 de abril de 2024

Los lunes de Anay. Guiños...

…Me reencontré con la poeta vocacional de mi sección. Le dije que me gustó mucho su revista poética y me sorprendió ver nombres de mujeres con las que hablo a diario y cuya parte poética desconocía. c., una mujer de unos setenta años, pelo blanco y vestido floreado y holgado me recitó El corcel negro, uno de sus poemas, en el umbral de su casa, su voz cariñosa de abuela mudada en la de una muchacha apasionada que espera la llegada de su amante y es consciente de la verdad de su cuerpo —yo en silencio en el umbral de su casa y c. con la mirada de la mujer que fue y del deseo pasado—. Luego me recordó el poema que escribió a su madre, su voz anhelante al recitar los versos finales, donde un capote rojo en el cielo. Antes de despedirnos pisó tierra y me habló de su día a día: los cuidados de su marido, que ya apenas puede salir de la cama, la comida y los arreglos de ropa para hijos y nietos. De la muchacha de los poemas a la abuela de todos y para todo.


Los lunes de Anay. Guiños…

"Las miradas también tocan."

                                         ULPIANO ROS


HAPPY ENDING

Aunque la noche, conmigo,
no la duermas ya,
sólo el azar nos dirá
si es definitivo.

Que aunque el gusto nunca más
suele ser el mismo,
en la vida los olvidos
no suelen durar.

                             JAIME GIL DE BIEDMA



Feliz lunes.

Un beso,

Anay

martes, 23 de abril de 2024

empiezo libros que nunca terminaré

Elijo Cristo se detuvo en Éboli para esta semana del libro. Es mi tercer o cuarto intento con los recuerdos del destierro de Levi en la Italia fascista de los años treinta —los anteriores fracasaron por querer leer a Levi sin la pausa que requiere su escritura lenta y precisa—. A veces entro en una lectura con el paso cambiado, estoy cansado y agarrotado tras el trabajo o abandono a las pocas páginas porque siento que no es el momento para un tipo de relato que requiere tiempo sin cortes. Ahora, me acerco a Levi con ánimo de caminante paciente para descubrir su mundo desaparecido.

Durante años me empecinaba en terminar cada libro empezado. Como si relegarlo a un impredecible “más adelante” fuera un sacrilegio. Aquello acabó cuando mi biblioteca creció hasta ésta donde unos seiscientos libros pendientes, visitaba las dos bibliotecas de mi pueblo en busca de libros descatalogados y mi paciencia para con los malos libros terminó. Hago tentativas y empiezo libros que nunca terminaré —que nunca se terminan—, altero planes de lectura, dejo de leer durante un par de días para vagar por las calles de Bilbao, en silencio, y que sean los edificios y los cielos reflejados en las torres Isozaki quienes me cuenten que aquello que vemos no es más que un simulacro de la realidad. Un relato. Y siempre vuelvo a la lectura, asombrado por presenciar otras formas de relatarnos (en) el mundo. 

*

Hace años que celebro este día en la misma librería. Si ese día no trabajo, me acerco sin ideas preconcebidas y con tiempo por delante. En pasados días del libro, unos párrafos al azar de Bonnie Jo
Campbell me descubrieron a sus mujeres salvajes; me reencontré con las voces entrelazadas y angustiadas de los muchachos de la Compañía K, me asombró que uno de mis más viejas búsquedas, Entierra mi corazón en Wounded Knee, tuviera una nueva edición y reincidí con Łem y Dovlátov. Hoy, cansado tras la campaña electoral y sabiendo que no tendría ganas de hacerme un hueco entre los otros lectores, entré a recoger los libros encargados tras repasar mis listas de deseos —siempre en perpetuo movimiento—. Bierce. Guerriero, Maraini, Berto. Sólo he leído a Bierce de este cuarteto. Y será el primero cuando abandone esa aldea entre precipicios donde está desterrado Levi. E intuyo que Los suicidas del fin del mundo, Isolina y El mal oscuro podrían ser un trío lector que casen bien entre sí. Esos son mis próximos planes lectores, hoy. 


(coda) 

Lee
Piensa
Resiste

dice la chapa que regalaron el año pasado en la librería Cámara.

lunes, 22 de abril de 2024

Los lunes de Anay. Llanuras...

…Hubo un momento, tras terminar La casa del recuerdo y del olvido, que sentí que había mal-leído mis últimos lecturas. Apenas había conseguido retener algo de los relatos de Gospodínov y Džamonja y sabía que me había perdido algo importante del libro de Filip David. Así que una vez terminé la novela donde David indagaba sobre la partícula divina del mal y los recodos donde se esconde el olvido en la memoria, volví a su inicio. Y en esa segunda vuelta —donde se multiplicaron las frases subrayadas y las hojas dobladas—, las capas ocultas donde dolor y trenes como símbolo de pesadillas y el (sin)sentido de la pérdida. Y en esa segunda vuelta, la impertenencia en los cuentos de Gospodínov y sus cronorrefugios y ese personaje de Gaustín que cambia a cada relato, como Kilgore Trout variaba de una novela a otra. Y ese manicomio de Cartas desde el manicomio de Džamonja que podría ser Sarajevo en guerra y la ausencia de Sarajevo en el exilio, el alcoholismo o la demencial vida norteamericana. Si pudiera, ýb, releería cada uno de mis libros. Ahora, El general del ejército muerto, de Kadaré, me devuelve la prisa por llegar a casa o subir al tren para leer. Ahora, veo la poesía completa de Irazoki y el Diario a los setenta de May Sarton, y los relatos cortos de Dubus, y más Kadaré y revisitar a Rulfo y volver a la Argentina con Soriano y siempre Bobin y la oralidad de Alexiévich, y siento que se me abre un camino homérico.

02.04.2024


Los lunes de Anay. Llanuras…

Sant Jordi 2024

"Oh amores - ciertos falsos,
 sed amores y retozad felices
 en el vacío que os cedo."

                                        PATRIZIA CAVALLI



Asomamos nuestras miradas al camino del sol sobre el mar.
La tarde se iba, náufraga.
- ¿Qué quieres ser, el agua o la luz?
- Lo que no seas tú, para encontrarnos.

                                                           MARÍA CEGARRA






Feliz lunes.

Un beso,

Anay

lunes, 15 de abril de 2024

Los lunes de Anay. Liquidez...


"cada vez más borroso,
cada vez más borrado."
                                        JAIME SILES


BRINDIS FUNERAL POR EL JOVEN QUE FUI

Aquella manera de dar fuego
a quien me lo pidiera,
la primera calada siempre mía.
En tu muslo dibujo con mi dedo,
desde donde te deja el autobús,
el croquis inexacto hasta mi casa,
un piso compartido con turnos de limpieza
y apuntes por el suelo.
Lunes de filmoteca, vacunas contra el polen,
las ganas de viajar, un café a medianoche,
tres o cuatro lecturas simultáneas,
brindis de alcohol barato, sueños caros.
No os dejéis engañar por la resaca
de la burda nostalgia. Hubo entonces
libros inacabados, multas en bibliotecas,
exámenes suspensos, películas pedantes
y una tos persistente al despertar.
Ni se curó mi alergia, ni volvimos a Roma,
ni encajaron las piezas.
Hoy no fumo, a medianoche duermo,
mis sueños son baratos,
asumo el estornudo, el menor de mis males,
leo y releo sin prisa,
descorcho mejor vino, brindo y viajo
y soy mejor amante.
Descansa en paz, muchacho.
                                                      DAVID J. CALZADO



Feliz lunes.

Un beso,

Anay