Piensa en el largo camino de regreso.
¿Tendríamos que habernos quedado
en casa pensando en este lugar?
¿Dónde estaríamos ahora?

Elizabeth Bishop

domingo, 29 de mayo de 2016

De regreso al mundo. Tobias Wolff

Llego a Tobias Wolff a través de Raymond Carver y Richard Ford. Etiquetados como “realismo sucio”, los cuentos de Wolff tienen cercanía, tensión y silencios. Wolff  sugiere más que muestra en este puñado de relatos excepcionales, personajes a la deriva capaces de dejar tras de sí a su familia por una fantasía o de recordar un pequeño gesto que los salva de un presente extraño, matrimonios que discuten y algo se rompe en ellos, desconocidos que se encuentran en un hotel en Las Vegas y descubren una tregua en sus existencias grises, conversaciones que parecen intrascendentes pero que esconden una herida profunda.

En las vidas que Wolff describe hay curas asqueados por una profesión/vocación que los ha dejado al margen, amigos que hablan de algún momento significativo mientras se toman tres gramos de coca, hermanos que son la antítesis el uno del otro y se necesitan tanto como se rechazan, siempre en un equilibrio precario, mujeres solitarias que inician conversaciones en bares con desconocidos para no sentirse en la absoluta soledad. Wolff, como Carver y Ford en Rock Springs, usan los elementos justos para construir sus relatos, no cierra las historias con golpes de efecto, sus finales terminan de manera leve y tenue, un último pensamiento o una última frase que es una mirada a lo cotidiano, a aquello que rodea a los personajes y los rechaza o los vuelve a acoger.


Permaneció tumbado esperando, pero no pasó nada.
Ya está dijo de nuevo.
Entonces oyó un movimiento en la habitación. Se sentó en la mesa, pero no pudo ver nada. La habitación estaba en silencio. Su corazón latió como la primera noche que pasaron juntos, como latía cuando un ruido le despertaba en la oscuridad y esperaba para volver a oírlo… el ruido de alguien moviéndose por la casa, un extraño.

Hay momentos en apariencia leves que esconden una herida sin cerrar, una muchacha que gasta bromas telefónicas, habla con un desconocido a medianoche y que, en realidad, busca una figura paterna que la contenga. O un cura que vigila el sueño de una mujer en una habitación en Las Vegas, la mujer una solitaria desencantada, el cura un perdedor, el cuerpo dormido de la mujer que se mueve en la habitación y el cura que aleja la sombra de su sueño. O una guardia nocturna donde un hombre recuerda Vietnam y cómo sus compañeros y él soñaban con el regreso al mundo, con todo aquello que pensaban hacer y la confusión que finalmente encontraron aquellos que lograron regresar. Es ahí donde se mueven los personajes de Wolff, los sueños e ideales confrontados con una realidad gris, el regreso al mundo como una decepción o despertar de golpe contra la realidad.

Entre los relatos de De regreso al mundo destaca sobremanera Avería en el desierto, 1968, una pareja con su hijo camino de California en busca de una oportunidad, él un soldado licenciado, ella, una joven alemana, ambos en un coche a través del desierto y una avería que los deja en una gasolinera, separados en busca de ayuda, ella en una habitación roja de la gasolinera que parece el interior de un cuerpo y él, caminando junto a la carretera, que ve una oportunidad para huir de un futuro poco esperanzador. Wolff, cambia de punto de vista, de la espera de la mujer y sus conversaciones con la dueña de la gasolinera a la caminata del marido y su rabia contenida y su búsqueda de una nueva oportunidad, de dejar atrás aquello que ha construido.

Los relatos de Wolff son extraordinarios, sin efectismos ni absurdos giros inesperados o palabrería hueca.








(…) ¿Y usted? ¿Cuál fue su mejor época?
La pregunta le hizo sentirse cansado. Pensó en decirle a Porchoff una mentira, pero no era capaz de hacer el esfuerzo de inventarse algo y el recuerdo que Porchoff le pedía lo tenía muy a mano. Para Hooper estaba más cerca que el recuerdo de su hogar. En realidad era una especie de hogar. Era el lugar al que regresaba para estar de nuevo con sus amigos y consigo mismo como era antes. Era donde se dejaba ir cuando estaba tan mal que le daba igual estar aún peor cuando volviera a la realidad y lo perdiera todo otra vez.
―Vietnam.
Porchoff se limitó a mirarle.
―Entonces no lo sabíamos ―dijo Hopper―. Solíamos hablar de que cuando regresáramos al mundo íbamos a hacer esto y lo otro. De regreso al mundo íbamos a transformarlo. Pero desde entonces no ha habido nada más que confusión.
Hooper sacó la pitillera del bolsillo, pero no la abrió. Se apoyó sobre la mesa.
―Todo estaba claro ―continuó―. Aprendías lo que necesitabas saber y olvidabas todo lo demás. Todo era mierda. Esta confusión. No te pasabas cada minuto el día pensando en tu asquerosa persona. ¿Echo suficientes polvos? ¿Qué le pasa a mi hijo? ¿Debo aislar la maldita casa? Eso es lo que te destruye, Porchoff. Pensar en ti mismo. Eso es lo que al final te mata. 
Tobias Wolff. De regreso al mundo. Traducción de Maribel de Juan. Alfaguara.

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